segundo intento
1-3 de septiembre, 2018 — segunda caminata hacia la reserva natural de Fisht. Aquí, en realidad, ocurrió aquello hacia lo que tanto tiempo había estado caminando. Me encontré con un oso, y no una sola vez. Pero vayamos por orden… Todo empezó desde el mismo lugar que la vez anterior, en 2016: desde la stanitsa de Guzeripl. Desde el principio, me puse a preguntar a todo el mundo con qué frecuencia se encontraban los turistas con osos este año y dónde exactamente. La vendedora de boletos, por ejemplo, al igual que la vendedora del comedor donde entré a comer antes de ingresar a la reserva, me contaron que en esta temporada había especialmente muchos osos. Y no solo osos, sino también todo tipo de otros animales…
Una de las entradas a la reserva. Esa entrada que te lleva a los dólmenes. Yo, en cambio, tomé otro camino…
Cayó una lluvia intensa media hora después de que mi pie pisara la zona protegida. Durante todo el trayecto estuve ocupado visualizando el objetivo: me imaginaba la imagen de un oso frente a mí, cómo se acercaba, cómo estábamos uno frente al otro sobre alguna roca, cómo lo miraba directamente a los ojos…
Tras recorrer varias horas a pie por un camino asfaltado, llegué al primer refugio —Partizanski—, antes de la entrada a la propia zona protegida… Dentro de mí estaban activos al mismo tiempo dos principios en pugna. A grandes rasgos, se pueden definir como voluntad y razón. A la voluntad la llamaría sentimiento —con ella dirigía la intención, manteniendo el estado de «cueste lo que cueste». El raciocinio, en cambio, se resistía a esta locura…
Llovía. Mojé el teléfono —lo puse bajo el impermeable, pero igual lo alcanzó la condensación…